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Del
Libro: COPAL OFRENDA DIVINA. EL SAHUMADOR Y LAS SAHUMADORAS.
PROLOGO
Por
: José Antonio Iniesta, escritor e investigador español.
Ahora
que las frías encías, las grises entrañas, de esta
sociedad del siglo XXI que hemos creado, se resquebraja por momentos,
nos llega un aroma de otros tiempos, el del conocimiento ancestral, que
a Dios gracias nos libera de este amasijo informe de hormigón,
acero y olvido de la esencia del ser humano.
Demuestra
el Tao, en la eterna danza entre el Yin y el Yang, que cuanto más
nos alejemos del centro, más tenderá la ley del equilibrio
a llevarnos hacia el extremo opuesto.
El
Universo en pleno asiste a nuestras demandas, a la realidad que queremos
crear, y afortunadamente, una legión de seres con maravillosos
propósitos trabaja denodadamente para retornar a la esencia de
la naturaleza, al respeto de las tradiciones sagradas, a la conexión
con los más profundos valores humanos, al descubrimiento de las
enseñanzas que han dado forma a lo largo de siglos y milenios a
la sabiduría de los antiguos pueblos, culturas y creencias.
Una
de estas personas, abundante en propósitos, generosa en entrega,
consciente de su trabajo como ser de luz en los tiempos que nos ha tocado
vivir, es Lolita Vargas, entrañable guardiana del fuego sagrado,
que es como decir de la magia y del misterio de lo que con la llama purifica,
crea columnas ascendentes hacia el cielo y ofrece luz (que es información
y amor), luz incandescente y viva…
Lolita
Vargas, capitana de malinches de la Mesa de Danza de La Santa Cruz del
Espíritu Santo, perpetúa ese valor inconmensurable de los
antiguos iniciados que llenos de saber, repletos de conciencia, rebosantes
de experiencia vital, no encuentran más sentido a su vida que darse,
darse y darse…
En
esa entrega por completo a la naturaleza y al plan cósmico, como
aquel que recibiéndolo todo no puede hacer más que compartir
lo que le ha sido entregado, alimenta ahora nuestro espíritu con
un pequeño retazo de su amplio saber, entre lo humano y lo divino.
"Copal, ofrenda divina. El sahumador y las sahumadoras. Uso y costumbres
en la tradición Conchera actual" nos acerca, con la magia
del descubrimiento interior, a las raíces ancestrales de este México
actual que está revelando al mundo entero ese tesoro que tantos
pasaron por alto en el pasado, esa riqueza cultural que sólo ha
sido reconocida verdaderamente por aquellas personas con sensibilidad
capaces de comprender que en estos extensos territorios han florecido
algunas de las culturas más grandiosas de la Tierra.
Con
toda su belleza, este texto que huele a copal sagrado, que suena a danza
Conchera y grita a los cuatro vientos la grandeza de un pasado que resucita
en el presente, es apenas un apunte de toda la extensa obra que Lolita
Vargas entresaca de sus sueños más profundos, de las raíces
más antiguas de Mesoamérica, de la sangre, el latido y la
respiración de los nobles pueblos que dieron forma a lo que ahora
es México.
Quiso
el destino, y el propio deseo que nos une a los seres humanos (al compartir
una resonancia, una frecuencia que nos hermana), que llegara hasta mí
hace tiempo uno de sus escritos. Acostumbrado a leer cientos de ellos
a diario, buscando siempre el trigo entre la paja, descubrí en
las primeras líneas que sus palabras eran puro aliento (como el
del glifo Ik maya) de una auténtica iniciada, de quien ha visto,
de quien ha experimentado por sí misma el verdadero conocimiento,
el legado de lo inaprensible, el saber que nos ajusta en armonía
con las leyes cósmicas de la Creación. Esa primera lectura
haría posible que tiempo después la invitara a participar
en la colección que dirijo, "La biblioteca de las maravillas"
(editorial Corona Borealis, Madrid, España), de la que ahora se
editan, coincidiendo curiosamente con esta obra con aroma de sahumador,
los tres primeros libros: "Senderos de Luz", "Voces del
amanecer" y "Cruzando el arco iris". En dos de ellos colabora
Lolita Vargas, que bien se lo merece, como parte de una extensa relación
de autores de todo el mundo, cuyos textos hacen posible un viejo proyecto,
la unión de toda clase de escritos dedicados a la Luz, a la pura
espiritualidad, de las más diversas culturas, religiones y creencias.
En
la tercera línea de aquel escrito que cayó en mis manos
ya sabía que nuestros caminos se cruzarían, y se cruzaron,
cubiertos todos ellos por infinidad de sincronicidades y mundos compartidos,
viejos senderos, físicos y etéricos, conscientes ambos de
que no hay distancia entre México y España, o entre cualquiera
de estos países y el punto más lejano de todo lo creado,
cuando el ser de luz reconoce su verdadera naturaleza y anhela el reencuentro
con la familia de luz planetaria.
En
este mundo, en el que tanto daño han hecho las jerarquías
masculinas que bajaron de su pedestal a la energía femenina del
planeta, dejándonos cojos de una pierna en este caminar tan necesario
de todos los hombres y mujeres, es más que necesario recuperar
el concepto sagrado de la diosa, de la madre, de la sacerdotisa, principio
fundamental para hacer nuestro el valor sagrado de la dualidad, no como
pugna, sino como complemento, danza cósmica y equilibrio, que se
complementa hasta conformar el hexagrama, la fusión de los principios
masculino y femenino, del Sol y la Luna, del Cielo y la Tierra.
Así
que este testimonio veraz de la tradición tiene ese aroma del fuego
sagrado del hogar, de vientre de poder de mujer, de serena ternura, como
es propio de la esencia de nuestra Madre Tierra. Las sahumadoras, portadoras
del fuego que enciende a las almas, que las consagra y las hace arder
con fiebre mística, obra el milagro de que el copal de las ceremonias,
la resina sagrada, bálsamo espiritual y sanación del cuerpo,
la mente y el espíritu, se convierta en el Eje del Mundo, el Árbol
Sagrado que nos permite viajar a otros mundos. Este árbol, mucho
más que un símbolo, es la herencia de la sangre, es la estructura
de una comunidad, y es a un mismo tiempo el sendero para viajar a los
más lejanos lugares del Universo, a través de cada una de
sus dimensiones.
Dice
Lolita Vargas, en este libro que es fruto de la experiencia, destilación
de poesía y esencia de una vida dedicada al regalo de la armonía,
que "el sahumador es como un navío, cuyas esencias transportan
nuestras oraciones al cielo". Y tantos recuerdos me trae a la memoria
esta lectura… Mis más sagradas e increíbles experiencias,
como parte de un complejo aprendizaje y vivencia espiritual, cuando realmente
empecé a despertar de este sueño pesado que a veces es la
vida, tuvieron lugar en México, iniciado como fui en los ancestrales
ritos del sacerdocio solar maya, así que casi siento este país
como si fuera parte de mí mismo. Mucho antes de ir allí,
de vivir este proceso que transformó mi vida por completo, ya sabía,
de una forma que no acertaba a comprender, que la historia de Mesoamérica,
y concretamente la de México, no era como nos la habían
contado, que muy pocos habían entrado, desde fuera, en la verdadera
esencia de tantos pueblos que primero sufrieron ese desvarío y
ultraje de la conquista, y luego la incomprensión y la manipulación
de una riquísima cultura apenas imaginable incluso en nuestros
días.
Cuántas
veces he agradecido con el pensamiento a las sahumadoras que me envolvieran
en ese aroma sagrado, preparación y purificación, en tantas
iniciaciones, ceremonias inolvidables y paso a lugares sagrados donde
descubrí, desde dentro, la verdadera dimensión espiritual
de la herencia ancestral que hoy se revitaliza en las tierras de México.
Infinidad
de sincronicidades, escritos, lazos de amistad, indescriptibles experiencias
y devoción por las tradiciones ancestrales, me unen a esta mágica
tierra que aún espera con paciencia el momento adecuado para revelar
cada uno de sus inmensos secretos. Ya es tiempo de honrar la memoria de
los grandes sabios de infinidad de culturas de México que sintetizaron
la matemática y geometría del Cosmos, el camino del guerrero,
el equilibrio de la mente, el cuerpo y el espíritu, la conexión
con otros planos dimensiónales y los más lejanos lugares
del Universo, a través de la espiritualidad y la ciencia, unidas,
como jamás lo han estado después, dando como fruto el arte
y la sabiduría en su máxima expresión.
La
danza Conchera es un regalo de esos tiempos de gloria, que entre ropajes
de vistoso color, compleja simbología y organizado ritual, muestra,
al que quiere ver y puede hacerlo, el secreto último del movimiento
y del ritmo, guardando, como un holograma que se despliega hasta el infinito,
el misterio del hombre como parte del Cosmos.
En
un Día de la Cruz, un 3 de mayo, festividad tan importante en México
como en España, tuve el inmenso honor, dentro de mi viaje iniciático
por el Mayab, la sagrada ruta maya, de danzar en uno de los círculos
sagrados de los danzantes concheros. Allí, como uno más,
fundido en la sangre de luz que hermana a los que realmente se sienten
unidos más allá de lo que marcan las fronteras, me entregué
al milagro de la danza Conchera con mi tambor de la danza del Sol, que
lleva grabado la cruz de Quetzalcoatl. En la pura sincronicidad del Cosmos,
este tambor, regalo de mi hermano Ikxiocelotl, Garra de Jaguar, se llama
Nawi-Ollin (cuatro movimiento), que representa el movimiento a través
de los cuatro vientos o direcciones del espacio, la constante peregrinación
del espíritu y el movimiento eterno en suma. Es un simbolismo que
refleja constantemente, por cierto, este tipo de danzas, síntesis
entre las antiguas culturas de México y la religión cristiana.
En un propósito divino que ignoramos, la fusión de la sangre
nos legó el vínculo de los códigos de luz de cada
una de las razas a unos y otros, tanto en México como en España,
donde hombres y mujeres de honor, guerreros de la luz, rememoran el tiempo
sagrado a través de la danza Conchera.
Quiera
el destino, y el sagrado Ometeotl, la Divina Dualidad, Dios-Diosa, el
Gran Espíritu que todo lo contempla y lo organiza, que Lolita Vargas,
como tantos otros seres que trabajan incansablemente para que se haga
la luz, en un mundo a veces tan lleno de tinieblas, nos siga abriendo
las puertas de la verdadera historia que no pueden contarnos los historiadores,
ni los arqueólogos, pues para ello se necesita una mirada especial,
otros ojos.
Los
maestros y grandes sabios de las distintas culturas de lo que ahora es
México, hicieron posible durante milenios que prósperas
civilizaciones nos legaran un inmenso regalo para el futuro. Ni el desolador
fuego, ni el fanatismo ciego, ni la desidia humana, han borrado esa ofrenda
generosamente dada al futuro, que ahora es nuestro presente. Quedó
guardado en estelas de piedra, en viejos códices milagrosamente
salvados, en la prodigiosa arquitectura que no han podido borrar ni la
mezquindad humana de los que buscan el poder terrenal ni el paso del tiempo.
Pero también en oraciones, símbolos, danzas, esculturas,
en infinidad de piezas, en suma, de un gigantesco rompecabezas que no
podrán reunir los hombres y mujeres sumidos en sus propias miserias,
sino los que alcanzan la grandeza de los espíritus valientes, atrevidos.
Por encima de todo, ese legado está en el corazón de estos
seres, que recuerdan su pasado, a través de la memoria de la sangre,
hermandad de sangre física o de luz, sea cual sea el origen de
cada uno.
Los
sabios espíritus de los maestros ancestrales no nos miran desde
el pasado, sino desde el presente. Su esencia está viva, y retornan,
como prometieron, aunque la prisa de la mayoría de los seres humanos
no les permita encontrar la llave mágica para descubrirlo.
Los
que han abierto los ojos, los que recuerdan, los que saben, los que respondiendo
a su compromiso reconocen que ha llegado el momento de abrir las puertas
físicas y etéricas de la memoria ancestral del ser humano,
están haciendo su trabajo. Y este libro es parte de ese legado,
que se une al movimiento eterno, al comienzo de un nuevo ciclo, esperanzador
y luminoso, de todos los pueblos y culturas del mundo.
Nadie
acabó con la sabiduría de los maestros de Mesoamérica,
por más que se destruyeran muchísimas manifestaciones de
su realidad física, porque la sabiduría es etérea
e inaprensible. Como lo es la propia Luz, de la que procede, es inabarcable,
intocable, inextinguible. La tradición oral, el continuo aprendizaje,
el retorno a los lugares sagrados donde están sus claves, hacen
posible que su llama perdure por siempre.
Y
sin duda, México es uno de esos países donde se está
produciendo el milagro del retorno a los orígenes, al flujo en
el que perdura el saber y la armonía, aunque no todo el mundo se
dé cuenta de esto.
Que
aquellos que tengan la fortuna de leer este libro recuperen la poesía,
esa fuerza capaz de mover montañas, y el concepto sagrado de la
existencia, lo único que verdaderamente la hace hermosa, y la herencia
del pasado, sin la cual nunca podremos afrontar el futuro, y las ganas
de conocer nuestras raíces, las de todos los seres humanos, comunes
y únicas en el tiempo, en el Tiempo Primigenio.
Ya
debería pasar el tiempo de la ignorancia, y volver a vivir en el
de la experiencia y el conocimiento. Honremos a las culturas nativas,
a los maestros ancestrales, a los impecables guerreros de la Luz, hombres
y mujeres que sembraron tanto para la cosecha del futuro…
Que
ese sahumador sagrado que nos ofrece Lolita Vargas, con el regalo inapreciable
de su espíritu, eleve la columna de humo del bendito copal y nos
lleve, camino de las octavas de la evolución, en las espirales
de luz dorada, hacia ese destino glorioso de la comunión plena
con nuestro ser interno y el Cosmos insondable.
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