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EL SAHUMADOR
Dentro del espacio sagrado o ritual, lo Divino se materializa a través de sahumador.
Los hallazgos arqueológicos del México prehispánico, revelan la importancia del sahumador y de los llamados incensarios para la sociedad de la época. La variedad de formas, tamaños y los diversos sitios en que estos objetos han sido encontrados, manifiestan su importancia, tanto en usos ceremoniales en los templos y el culto a los Dioses, como en la vida cotidiana del hogar.
En las tumbas de los grandes Señores, invariablemente esta presente este instrumento, indicando con ello, que la presencia del sahumador era imprescindible, para lograr con éxito su paso por el Mictlan y llegar a salvo al lugar de descanso eterno.
El sahumador al ser encendido por medio de la braza ardiente, se transforma en un receptáculo de lo Divino. En los rituales el sahumador ocupa un lugar sobresaliente frente al altar. Al salir a ceremonias en muy diversos sitios su lugar es al frente de las columnas, abriendo paso a la comunidad. Al formarse el circulo de danza, el lugar del sahumador es al centro, ahí se marca el corazón o eje de energía que reverbera en círculos concéntricos, forma espiralina de humo blanco, que cual navío, transporta las oraciones y peticiones al cielo. Las esencias depositadas en el sahumador son quemadas para transformarlas en substancias ligeras capaces de llegar al ámbito de lo divino. En la tradición Conchera actual, ubicada en la región del bajío, de la Republica Mexicana, que comprende los Estados de Querétaro y Guanajuato, principalmente, las llamadas Mesas de Danza, en sus rituales continúan haciendo uso del sahumador y sus esencias. Este instrumento de barro, reviste una singular importancia, pues ningún ritual se inicia sin el sahumador prendido y al cierre total del ritual, lo último en llevar a cabo es la entrega del sahumador, o despedida de las Sahumadoras presentes. El sahumador debe pasar por una ceremonia de consagración, para que de acuerdo con la tradición cumpla mejor con su misión. La ceremonia de consagración del sahumador se realiza de la siguiente manera: El sahumador debe ser preferentemente nuevo, aunque yo acostumbro cíclicamente fortificar los sahumadores con los que acudo a las diversas ceremonias y rituales, aunque ya hayan sido consagrados. Se localiza un sitio adecuado, una opción para ello es utilizar la sensibilidad de las manos. Deberán recorrer receptiva el espacio definido, en donde sea posible abrir la tierra y enterrar boca abajo el sahumador. Al ubicar el sitio, se pide permiso a la Madre Tierra, ala Madre Tonatzin, se abre un hoyo en la tierra y ahí se coloca el sahumador. Desde que se esta removiendo la tierra, mente, verbo, sentimiento y acción, se alinean, con la intención y petición de que se otorgue “fuerza” al sahumador y su uso genere armonía y bienestar en el entorno. En el México prehispánico, se pensaba que los elementos eran receptores de fuerzas divinas, así que se procuraba hablarle a la esencia de las cosas y explicarles las razones por las cuales se les solicitaba algo, desde su forma más simple de lenguaje común, hasta la más compleja o “lenguaje de lo oculto”, llamado Nahuallatolli, se hacían estos “convencimientos”. Así hacia el caminante en la superficie de la tierra, el leñador frente al árbol, el pescador que llegaba al río, etc.. Siguiendo el camino trazado por los ancestros, la sahumadora solicitará a la madre tierra, que su instrumento de barro, que de la tierra proviene, tenga la fuerza para generar armonía, salud, felicidad, prosperidad, etc., en todos los sitios en donde su energía se irradie. El sahumador deberá estar enterrado durante 8 días, al término de los cuales, igualmente pidiendo permiso, se extrae de la tierra, se limpia cuidadosamente y se rellena en su posición normal, de agua bendita, así deberá estar por 5 días, la suma de este tiempo no da (8 + 5) el sagrado número 13. Al concluir ese término, el sahumador estará fuerte y listo para cumplir con la misión solicitada. En mi experiencia personal, todos los sahumadores que he consagrado, en varios años de uso, ninguno se me ha roto, en especial el que uso para las ceremonias concheras lleva todos esos años activo, en un uso intenso y sigue maravillosamente bien. La esencia base para el sahumador es el copal blanco, pudiendo cada sahumadora preparar la mezcla de esencias que considere apropiada para lograr, tanto su entonamiento personal como colectivo, con las fuerzas cósmicas que se manifiestan en cada ritual. En lo personal, me gusta preparar una mezcla de copal, estoraque, almizcle, incienso y mirra, muelo en mi molcajete las esencias, dejando unos trozos más o menos grandes de copal, con cuidado coloco estas esencias que tanto valoro en mi morralito. Es conveniente, el portar algunas hierbas secas como el romero, la ruda, o bien bayas de enebro, las cuales tienen la cualidad peculiar de limpiar el entorno de vibraciones “negativas”. Cuando el ambiente esta muy “cargado“, son muy útiles, pues en franca colaboración con el copal, de inmediato polarizan la vibración, transmutan lo negativo en positivo. El sahumador en náhuatl recibe varios nombres de acuerdo a su forma y uso, por ejemplo, el más común es el de popochcomitl, también recibe el nombre de tlemaitl y el de pocyaocaltontli, específicamente como incensario. El popochcomitl tiene una forma alargada, va hacia arriba, como una olla que humea. El Tlemaitl es el que se usaba ritualmente en los templos de nuestros ancestros, es un mango alargado que tiene al final la “olla” para colocar los carbones, es literalmente un sahumador de mano. El pocyaocaltontli es el incensario fijo, que se ha encontrado en muy diversos sitios, desde centros ceremoniales, hasta tumbas y que incluso servia para quemar muy diversas esencias y elementos que de acuerdo a ciertos estudios, podría haber sido sangre.. Fragmentos del libro: Copal Ofrenda Divina. El Sahumador y las Sahumadoras. Usos y Costumbres en la Tradición Conchera Actual. De la autoría de Lolita Vargas.
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